El cambio de rutinas a causa de las vacaciones y el calor son factores que hacen que nuestra dieta cambie durante el verano, estando más expuestos a excesos y desequilibrios. Desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición recomiendan tener en cuenta una serie de pautas que queremos compartir con vosotros.

  • Aprovechar los alimentos de temporada.
  • Cuidar la hidratación, incrementando la ingesta de agua, frutas y hortalizas.
  • Eliminar las bebidas calóricas: refrescos con alto contenido de azúcar.
  • Más pescado y menos carne roja. Tomar más raciones de pescado que de carne a la semana, en torno a 5-6 de pescado de las que al menos 3 deberían ser de pescado azul.
  • Evitar comidas especialmente copiosas. Moderar las cantidades de comida y controlar las cantidades de alimentos que, aun siendo saludables, aporten más calorías (frutos secos, legumbres, pasta, arroz).
  • Recetas sencillas. Para no incrementar el aporte calórico, la forma de elaboración de los platos debe ser sencilla. Tomar las verduras crudas, por ejemplo, es la mejor forma de aprovechar todas sus vitaminas y minerales.
  • Limitar el consumo de grasas.
  • Los helados y dulces no son alimentos fundamentales y no constituyen parte esencial de una alimentación saludable. Por lo tanto, no deberían formar parte de la dieta diaria.
  • Incrementar la actividad física es la mejor manera de contrarrestar un consumo mayor de calorías.